Todos aquellos que dedicamos nuestra vida a ayudar a personas o empresas por medio de la oferta de asesoría, hemos enfrentado el gran reto de pretender compartir la necesidad de la misma dentro de una generalidad de pensamiento adverso a la misma y en un mundo altamente presionado por factores económicos, sociales y culturales que en muchas ocasiones no favorecen la noble tarea de aportar conocimientos y ayudar a acortar brechas a los demás en las tareas que requieren o en las que es útil que “alguien” sepa o conozca o tenga “un poco más de experiencia” que nosotros sobre algún tema o asunto o tarea en específico.

Algo que es una afirmación definitiva (de las pocas que existen en este planeta), es que NUNCA (palabra difícil de admitir) va a existir un ser humano que sepa todo y conozca y tenga experiencia sobre todos los temas del mundo que nos rodea. Por eso cuando necesitamos soluciones rápidas, pensamientos diferentes a los propios para apreciar situaciones y tomar decisiones, ayuda para manejar situaciones difíciles, información para decidir sobre la adquisición de un producto o servicio multivariado o complejo, necesitamos de UN ASESOR.

No obstante la naturaleza humana, aunada al deseo de resolver las cosas por nuestros medios, valernos por nosotros mismos y ahorrar un poco de dinero de paso, nos hace en muchas ocasiones desestimar el valor de la ASESORÍA en nuestro mundo.

Los involucrados en la oferta y venta de asesoría somos muchos profesionistas en el mundo del servicio que vamos desde médicos, dentistas, psicólogos, asesores financieros, asesores empresariales, contadores, agentes de seguros y de fianzas, corredores de bolsa, cerrajeros, arquitectos, etc., etc., etc.

LA ASESORÍA… UN VERDADERO INTANGIBLE

Al ser la asesoría un elemento intangible o un producto de la mente humana, como se le prefiera ver, resulta que para muchos asesores es útil plasmar sus servicios y hacerlos tangibles por medio de contratos, folletos, presentaciones y otras formas de poner por escrito las condiciones de sus servicios y con ello dejar más en claro el intercambio de valor que ofrecen.

Esta condición es más útil en la medida en que la necesidad de la asesoría es menos apremiante o necesaria. Por ejemplo no es común que las personas tengan un contrato con su contador o hagan un contrato cada vez que consultan a un doctor, ya que en la medida de que más se necesita el servicio o el resultado, la promesa por escrito se hace menos necesaria o evidente a los ojos del consumidor, con la consecuencia de que en ocasiones al no estar puesto por escrito el compromiso, las expectativas o responsabilidades quedan a criterio de las partes y pueden provocarse desavenencias.

Existen casos como los mecánicos o técnicos que reparan objetos o máquinas en los que su “buena mano o buen desempeño” son medidos o evaluados por el funcionamiento de los aparatos que ponen a funcionar, de aquí la anécdota del mecánico que echa un vistazo a el automóvil de lujo que está descompuesto, saca una llave especial de su maletín, da un pequeño giro a una tuerca y al arrancar perfectamente el auto pasa una factura por 10,000 pesos que naturalmente irrita al conductor que al reclamar, recibe por respuesta: “le desgloso con gusto la factura… mover la tuerca: 500 pesos, haber estudiado para saber que tuerca mover, que llave usar y que giro darle: 9,500 pesos”. Es decir, el famoso dicho… “NO COBRO POR LO QUE HAGO, COBRO POR LO QUE SÉ” o como un buen amigo catedrático afirma: “PASEMOS DE LA MANUFACTURA A LA MENTE-FACTURA”

DÉJATE AYUDAR VS. HÁGALO USTED MISMO

Por otro lado mucha de la aversión a valorar el trabajo de un asesor, proviene del famoso dicho: “hágalo usted mismo” que si bien pretende potenciar las habilidades que muchos tienen para dar solución a diversas problemáticas de la vida diaria, también reza en contra del refrán “zapatero a tus zapatos” y para el ser humano promedio la línea divisoria entre el uno y el otro representa en muchas ocasiones la variabilidad que le hará considerar la utilidad de contratar por ejemplo: servicio doméstico, autor recetarse medicamentos, instalar mobiliario o hacer arreglos en casa, comprar seguros en internet, hacer trámites legales por cuenta propia, y muchos otros ejemplos que si bien es cierto se pueden realizar por parte del interesado, la decisión del cómo hacerlo llevará por resultado la pérdida o ahorro de tiempo, dinero y esfuerzo al ejecutar en muchas ocasiones tareas o tomar decisiones para las que no se está facultado o se cuenta con poca información.

Por último en este apartado de la reflexión no quiero dejar de lado el maravilloso placer que en muchos de nosotros provoca el hacer las cosas por nosotros mismos… no se me tome a mal, como lo he afirmado: es la situación y la posibilidad (muchas veces ligada a la economía), la que nos hace pensar en prescindir de una asesor para realizar una tarea o ayudarnos a tomar decisiones.

QUIEN NO COMPRA ASESORÍA, DIFICILMENTE VENDERÁ ASESORÍA (Y VICEVERSA)

Además de todo lo expuesto, quiero mencionar que en mi carrera profesional de asesor empresarial de asesores de seguros y de fianzas, he comprobado que en muchos se genera el fenómeno de que “en casa del herrero azadón de palo”, ya que muchos de los asesores NO INVIERTEN en su asesoría, lo cual podría parecer en el mejor de los casos paradójico, pero en la mayor de las veces una situación absurda.

La asesoría en una definición simplista podríamos afirmar que el la suma de CONOCIMIENTOS Y EXPERIENCIA puestas a trabajar a favor del asesorado, que en el mejor de los casos podrá, sumándolo a sus propias decisiones y óptica de vida, ahorrarse caminos tortuosos o acortar brechas para lograr resultados más efectivos.

Las universidades no son otra cosa que la “gran colección de errores de la humanidad” para tratar de no volver a cometerlos, me dijo un día un gran maestro de la facultad de psicología en la UNAM, y ciertamente y curiosamente aquellos que saben dejarse asesorar suelen ser los mejores asesores de los demás.

En fin… el mundo de la asesoría es ciertamente complejo pero en mucho satisfactorio y como lo he dicho en el título de esta reflexión… representa un gran reto para aquellos que la practicamos.

Te invito a no desistir, sino a motivarte, crear e innovar para dejar claro que la asesoría es un gran valor no solo para tus clientes, sino para el desarrollo de la humanidad en su conjunto.